Top

Bodega Alto de Inazares

El vino de las cumbres de Murcia: 1.373 metros de altitud

Región de Murcia

Unos vinos que logran manifestar las peculiaridades del terruño

La historia de la bodega Alto de Inazares comenzó a principios de siglo, en torno al año 2001. Había un empresario que quiso construir un palacete de estilo mudéjar en las colinas de Inazares, un caserío rural de pocas vivendas y alejado de la civilización, situado en las montañas más altas de Murcia, en el término municipal de Moratalla.

Para construir su palacete, el empresario necesitaba un gran equipo y empleó a José Andrés Prieto, uno de los fundadores de nuestra bodega. El primer día que José Andrés visitó Inazares se enamoró del lugar, de la calma y el paisaje inalterado durante siglos, todo ello a poco más de una hora de distancia en coche desde la ciudad de Murcia, donde tenía su residencia habitual. Había ido a Inazares junto a su mujer y sus dos hijas para pasar el fin de semana en unas casas rurales y estudiar el lugar en el que iba a levantarse el palacete, pero aquel día decidió comprar allí un trozo de tierra que le iba a cambiar la vida. En ese trozo de tierra de suelo rocoso y en apariencia pobre no se había plantado nada durante siglos, expuesto como estaba a vientos huracanados y un clima extremo.

José Andrés siempre tuvo un sueño desde los años en que estudiaba Arquitectura en la Universidad: construir una casa de madera con sus propias manos. Cuando adquirió ese trozo de tierra en Inazares, lo vio claro. Toda la familia se puso manos a la obra y construyó la casa en la que pasarían fines de semana y vacaciones, donde tocarían sus instrumentos (cada miembro de la familia aprendió a tocar uno) y donde podrían organizar pequeños conciertos de música con amigos. Años más tarde, aquella casa de madera se convirtió también en sala de catas, torre de observación de los viñedos y tienda de los vinos Alto de Inazares.

La construcción del palacete duró varios años, y en sus inmediaciones se atrevieron a plantar vides de la variedad monastrell, autóctona de Murcia, con la intención de elaborar vino. Pero con el tiempo se dieron cuenta de que esta variedad no se desarrollaba bien en aquel lugar, situado a casi 1.500 metros de altitud, donde a la vegetación ya le cuesta crecer.

Sin embargo, a raíz de aquello el matrimonio formado por José Andrés Prieto y Ángela Pina se preguntó si en su trozo de tierra de 2,8 hectáreas, al que llamaron El Altico, sería posible plantar vides y poder elaborar vino algún día. Se pusieron manos a la obra: encargaron análisis de la tierra y se fueron a una feria agrícola en Burdeos para consultar a los expertos si su suelo tenía las características adecuadas para cultivar uvas de calidad. En Francia, alguien revisó los análisis y las muestras de tierra que les mostraron y dijeron: si no plantáis vosotros, iremos nosotros a plantar. Ese fue el empujón que necesitaban. Tras varias pruebas, José Andrés y Ángela plantaron en 2011 unos cuantos miles de cepas de chardonnay, pinot noir, syrah, viognier, gewürztraminer, riesling y sauvignon blanc en una finca situada entre 1.300 y 1.373 metros de altitud, que la convirtieron en uno de los viñedos más altos de Europa continental. Las plantas vinieron del Norte del Ródano y con esas variedades de uva, los fundadores de la nueva bodega querían cambiar latitud por altitud y comprobar si podrían adaptarse bien a una altura tan poco habitual para el cultivo de uva en Europa.

La viticultura

El viñedo se encuentra en un promontorio en el que la roca madre ha quedado prácticamente al desnudo. Con apenas unos 15 cm de suelo de arcilla arenosa y pobre, las cepas deben buscar su sustento ahondando sus raíces entre las fisuras de la roca caliza y las capas compactas de margas grises. Por otro lado, la incidencia de rayos ultravioleta es muy alta o extrema la mayor parte del año debido a la limpieza atmosférica, y la pluviometría es nula o casi nula durante los meses de verano.

Bajo unas condiciones de estrés tan limitantes, el desarrollo de las cepas es muy lento y leñoso. La producción es muy reducida, con un rendimiento de 200 a 800 gramos por cepa, según la variedad. Los racimos son muy pequeños, de 50 a 150 gramos, con uvas pequeñas y prietas, de piel gruesa, cargadas de azúcar, aromas y color, y con una acidez estimulante que las hace jugosas. Las variedades son genéticamente generosas, por lo que fue necesario adoptar un marco de plantación denso, con un sistema de poda rigurosa y muy meticulosa para contener su vigor. De este modo, hemos podido amoldar su morfología a la capacidad portante del terruño. La dificultad de arraigo en tales condiciones ha llevado a la necesidad de reponer el 100% de las cepas, en sucesivas tentativas, hasta encontrar ese imprescindible resquicio de suelo donde poder iniciar su desarrollo.

En Europa continental, y por lo que sabemos, nunca antes se habían plantado las variedades del viñedo de Alto de Inazares a esta altitud. Es extraño encontrar en el sur del Mediterráneo variedades tan septentrionales, como pinot noir, riesling, viognier o chardonnay, que den perfiles aromáticos, sutiles y elegantes. Tras un exhaustivo estudio preliminar, ha sido necesario introducir varios clones por cada una de las siete variedades de uvas blancas y tintas que forman el viñedo. Una vez superados los ocho primeros años de adaptación inicial, el viñedo ha quedado equilibrado y completado con las variedades y clones que mejor se han adaptado. Ha sido necesario implantar labores y técnicas de poda y manejo de la canopia adaptadas a las exigencias del terruño, y muy diferentes de las habituales en las zonas vitícolas del área del Mediterráneo. Podas muy tardías en prevención de heladas y nevadas que se alargan hasta mediados de mayo, selección meticulosa de yemas, espergurado y poda en verde sin tijera, empleo de redes de protección contra el granizo y el ataque de las aves migratorias, segado a mano de la cubierta vegetal silvestre, cavado a mano de las cepas, nitrogenado natural del suelo con ganado ovino y sin labrado mecánico. Además, realizamos las prácticas de cultivo siguiendo el calendario biodinámico de María Thun.

Nuestra primera añada seria fue la de 2018. La producción es limitada, siendo la añada de 2021 la más abundante hasta la fecha, con 1.074 botellas de Pinot Noir; 1.400 botellas de Syrah; 970 botellas de Viognier y 330 botellas de Chardonnay. El método de elaboración es de mínima intervención, sin maquillajes ni enmascaramientos, evitando el envejecimiento en barrica de roble o con un envejecimiento en roble muy sutil si lo hay. Son vinos que agradecen la guarda y van mostrando su carácter conforme avanza el tiempo. Permiten el disfrute a lo largo de una cata prolongada. También piden su tiempo para expresarse plenamente y mostrar sus diferentes fases aromáticas en nariz y boca. Son vinos río, que despiertan el interés a cada botella. Como el agua que nunca pasa dos veces por el mismo lugar, cada descorche ofrece una nueva experiencia. En definitiva, se trata de vinos elegantes, ágiles y de corte fresco. Tienen una singular identidad entre los vinos del Mediterráneo.

La dirección técnica

En 2018, los fundadores de la bodega decidieron cambiar de rumbo y confiaron la dirección técnica a María José Fernández Llamas, originaria de Murcia. María José es licenciada en Ciencias Químicas y tiene una dilatada experiencia en viticultura y elaboración de vinos en la Comarca del Noroeste de Murcia, en municipios cercanos a Cehegín y Caravaca de la Cruz. Dado que en Murcia no se tenía experiencia previa en el cultivo de vid a más de 1.300 metros de altitud, María José aportó todo su conocimiento para sacar lo mejor de las variedades y de las cepas de Inazares, experimentando con las diferentes técnicas de viticultura, las fermentaciones, los ensamblajes y el envejecimiento sobre lías tanto en depósitos de acero inoxidable como en barricas de varios usos. Ella ha sabido otorgar una identidad propia a los vinos Alto de Inazares, bajo la premisa de que siempre predominen los aromas y sabores primarios de la fruta y la impronta del terroir. En el proceso de viticultura está muy implicado Rolando, que se encarga del cuidado y los trabajos del viñedo cada semana, pero también Ángela y José Andrés.

La bodega

El edificio de la bodega se construyó con contenedores marítimos reciclados, que fueron desinfectados, repintados y adaptados por parte de los miembros de la familia. Tenemos una finca pequeña y aprovechar el espacio era importante. Así que empezamos con dos contenedores y con los años se añadieron más, hasta los nueve actuales (uno de ellos es un contenedor refrigerado para mantener la uva en buen estado durante las primeras horas tras la vendimia). Dentro de los contenedores se instalaron los depósitos de acero inoxidable donde fermenta y envejece el vino. Por fuera, los contenedores se revistieron de troncos de madera con el fin de crear una capa aislante capaz de regular la temperatura en el interior de forma natural. Este revestimiento de madera también es una forma de mimetizar la bodega en el paisaje de bosque y no alterarlo con elementos externos. En Alto de Inazares cultivamos en ecológico y ponemos en práctica los principios de la agricultura regenerativa.

Dentro de este carácter experimental del proyecto Alto de Inazares, nuestra bodega forma parte del organismo CERVIM, con sede en Italia, cuya labor se centra en salvaguardar, apoyar, valorar y promover la viticultura heroica.

Contactar la Bodega Alto de Inazares

Participaciones al OFF

¡La octava vuelta de tuerca de Vinos OFF The Record está de regreso en Madrid, y trae consigo las bodegas de vino más brutales!

Listado Bodegas Vinos OFF The Record Madrid 2023